Quién manda y qué tipo de Estado es

Marruecos es una monarquía, y eso no es un dato protocolario. El rey, Mohamed VI desde 1999, no reina sin gobernar. Preside el Consejo de Ministros cuando se tratan los asuntos estratégicos, nombra a los ministros de soberanía (Interior, Exteriores, Defensa, Asuntos Islámicos), manda el ejército y es Comendador de los Creyentes, un título religioso que lo convierte en la máxima autoridad del islam en el país. Es rey y es también, para millones de marroquíes, una figura religiosa. Las dos cosas a la vez.

Al mismo tiempo hay elecciones, partidos, sindicatos, prensa y un primer ministro salido de las urnas que gestiona el día a día. Lo que conviene entender es que hay un espacio que se vota y otro que no. Al segundo, al palacio y a la red de familias, empresas y altos funcionarios que gira a su alrededor, los marroquíes lo llaman el majzén, una palabra antigua que significa algo así como el almacén del poder. Cuando leas que “Rabat ha decidido”, casi siempre se habla de ahí y no del Parlamento.

Tres cosas más estructuran la política marroquí. La primera es el Sáhara Occidental: no es un asunto de política exterior entre otros, es el asunto. La segunda es la cuestión amazigh, es decir, el lugar que ocupan la lengua y la identidad del pueblo originario del norte de África. La tercera es la desigualdad entre el Marruecos urbano y atlántico, con sus puertos y sus fábricas, y el de las montañas y el interior, del que la gente sigue emigrando.

Los momentos que explican el presente

El protectorado y la independencia. En 1912 Francia y España se repartieron el país: Francia se quedó el centro y el sur, España el norte del Rif y la franja de Tarfaya e Ifni. Marruecos nunca dejó de tener sultán, y esa continuidad importa: cuando llegó la independencia, en 1956, no hubo que inventar un Estado. Volvió Mohamed V, que cambió el título de sultán por el de rey, y la dinastía alauí, que reina desde el siglo XVII, siguió donde estaba.

Los años de plomo. Bajo Hassan II, rey entre 1961 y 1999, hubo dos intentos de golpe militar, detenciones masivas, cárceles secretas y desaparecidos. Son los que en Marruecos se llaman los años de plomo. En 2004, ya con su hijo en el trono, una comisión oficial de equidad y reconciliación escuchó testimonios y reconoció parte de lo ocurrido, sin juzgar a nadie. Fue un caso raro en la región y sigue discutiéndose si se quedó corto.

1975 y el Sáhara Occidental. Cuando España se retiró del territorio, Hassan II organizó la Marcha Verde: cientos de miles de civiles marroquíes entraron a pie con banderas. Desde entonces Marruecos controla la mayor parte del terreno. Para Rabat es una cuestión de integridad nacional sobre la que no cabe discusión interna; para la ONU es un territorio pendiente de descolonizar; el Frente Polisario, el movimiento que reclama la independencia, sostiene que la población nunca pudo decidir. Todo lo que Marruecos hace en el exterior se mide por si acerca o aleja el reconocimiento de su soberanía allí.

2011. El 20 de febrero de 2011, miles de personas salieron a la calle en varias ciudades pidiendo una monarquía parlamentaria, separación de poderes y el fin de la corrupción. No pedían derribar al rey, y esa diferencia con Túnez o Egipto explica lo que pasó después. En marzo Mohamed VI anunció una reforma constitucional; en julio se aprobó en referéndum; en noviembre ganó las elecciones el PJD, el Partido Justicia y Desarrollo, de raíz islamista, que gobernó hasta 2021. La nueva Constitución dio más poderes al primer ministro, hizo oficial el tamazight y reconoció derechos nuevos. También dejó intactos los del rey.

El Rif, otra vez. En 2016 la muerte de un vendedor de pescado en Alhucemas, aplastado por un camión de basura mientras intentaba recuperar su mercancía requisada, encendió meses de protestas en el norte. El Hirak del Rif pedía hospitales, universidad y trabajo, no un cambio de régimen. Acabó con sus dirigentes en la cárcel y con planes de inversión anunciados para la zona. El Rif tiene una historia larga de desconfianza hacia Rabat, desde la guerra de Abdelkrim en los años veinte hasta la represión de 1958.

Cronología

  • 1912Francia y España establecen sus protectorados.
  • 1956Independencia. Mohamed V pasa de sultán a rey.
  • 1961-1999Reinado de Hassan II. Golpes fallidos y años de plomo.
  • 1975Marcha Verde y entrada marroquí en el Sáhara Occidental.
  • 1994Argelia cierra la frontera terrestre. Sigue cerrada.
  • 1999Muere Hassan II. Le sucede Mohamed VI.
  • 2004Reforma del código de familia y comisión sobre los años de plomo.
  • 2011Movimiento 20 de Febrero, nueva Constitución y victoria del PJD.
  • 2016-2017Hirak del Rif.
  • 2021Derrumbe electoral del PJD. Argelia rompe relaciones con Rabat.
  • 2022España respalda el plan marroquí de autonomía para el Sáhara Occidental.
  • 2023Un terremoto en el Alto Atlas deja miles de muertos y arrasa aldeas de montaña.

Lo que un lector español suele dar por supuesto

Que conocemos Marruecos porque está al lado. Están a catorce kilómetros de la costa y hay vuelos de una hora, pero la relación se cuenta casi siempre desde tres temas: migración, Ceuta y Melilla, y el Sáhara. Marruecos, visto desde dentro, es sobre todo un país de treinta y tantos millones de personas discutiendo sobre alquileres, exámenes y hospitales.

Que “moro” describe algo. No describe nada. La población marroquí es árabe, amazigh, y en su mayoría las dos cosas mezcladas, con comunidades hasaníes en el sur y una historia judía que dejó barrios enteros en Fez o Esauira.

Que el islamismo marroquí es un bloque. El PJD gobernó diez años dentro del sistema y aceptó sus límites. Otras corrientes, como la de Justicia y Espiritualidad, no reconocen la autoridad religiosa del rey y no se presentan a elecciones. Llamarlos a todos lo mismo no ayuda a entender ninguna noticia.

Que Ceuta y Melilla son un asunto cerrado. Marruecos las reclama y no ha dejado de hacerlo; España las considera ciudades españolas y no negocia su estatus. Las dos posiciones llevan décadas iguales.

Dónde seguir