Lo que hace falta saber antes de leer una noticia

Baréin es un archipiélago del golfo Pérsico, al este de Arabia Saudí, frente a la costa de Qatar. Es diminuto: se cruza en coche de punta a punta en poco más de una hora y está unido a Arabia Saudí por un puente de veinticinco kilómetros, la Calzada del Rey Fahd, por el que los fines de semana entran miles de coches saudíes. Esa carretera explica más de la política bareiní que muchos análisis.

Gobierna la familia Al Jalifa, que se instaló en las islas a finales del siglo XVIII. El país fue protectorado británico y se independizó en 1971. En 2002 el emir Hamad bin Isa al Jalifa adoptó el título de rey y puso en marcha una apertura que incluía un Parlamento. La letra pequeña de aquella apertura es lo que se discute desde entonces: el Parlamento tiene dos cámaras, una elegida y otra nombrada por el rey, y la nombrada puede bloquear a la elegida. El primer ministro no sale de las urnas.

Hay dos rasgos más que conviene tener a mano. Uno es que el petróleo bareiní, el primero que se encontró en la orilla árabe del Golfo, en los años treinta, se agotó pronto, y el país se reconvirtió en centro financiero y de servicios, con una fuerte dependencia de Arabia Saudí. El otro es que una parte muy grande de quienes viven allí no son ciudadanos, sino trabajadores extranjeros, sobre todo del sur de Asia, sin derechos políticos.

La composición religiosa y por qué el atajo engaña

Entre los ciudadanos bareiníes hay mayoría chií y la familia gobernante es suní. Ese dato aparece en casi todo lo que se escribe del país, y casi siempre mal usado.

Lo que describe bien es una desigualdad concreta: las familias chiíes han estado históricamente fuera del ejército, la policía y los puestos altos del Estado, y varias zonas de mayoría chií han recibido menos inversión. También describe una práctica que la oposición denuncia desde hace años, la concesión de nacionalidad a extranjeros suníes que entran en los cuerpos de seguridad.

Lo que no describe es el conflicto. Las demandas de 2011 fueron un gobierno elegido, una Constitución pactada y circunscripciones electorales que no diluyeran el voto. Ninguna era religiosa. En las plazas había también partidos laicos y de izquierda, como Waad, con dirigentes suníes. Y la acusación de que Irán estaba detrás de las protestas, sostenida por el gobierno bareiní y por varios de sus aliados, fue examinada por una comisión internacional independiente que el propio rey encargó en 2011, presidida por el jurista Cherif Bassiuni: su informe concluyó que no había encontrado pruebas de esa implicación, y documentó malos tratos a detenidos. El gobierno aceptó el informe y anunció reformas; las organizaciones de derechos humanos sostienen que buena parte de sus recomendaciones no se aplicó.

Leer Baréin como una guerra entre sectas convierte una demanda de voto en un asunto teológico. Es exactamente lo que hace inútil la noticia.

Los momentos que explican el presente

Antes del petróleo. Baréin vivió del comercio y de la pesca de perlas, y era el puerto más cosmopolita del Golfo, con comunidades persas, indias y árabes conviviendo en Manama y Muharraq. Cuando el cultivo japonés de perlas hundió el negocio, en los años veinte y treinta, llegó el petróleo casi a tiempo.

El protectorado y la independencia. Los británicos controlaron la defensa y la política exterior del archipiélago desde el siglo XIX. Irán mantuvo durante mucho tiempo una reclamación sobre las islas, que retiró antes de la independencia de 1971 tras una consulta de la ONU a la población. La reclamación ha reaparecido de vez en cuando en la retórica de algunos políticos iraníes, y el gobierno bareiní la utiliza como recordatorio.

Los noventa. Hubo un ciclo de protestas entre 1994 y 1999, con peticiones de que se restaurara el Parlamento disuelto en 1975, detenciones y exilios. Ese precedente es el que explica que en 2011 hubiera ya una oposición organizada, con partidos, periódicos y presos veteranos.

2011. Las manifestaciones empezaron el 14 de febrero, el aniversario de la Constitución de 2002, y ocuparon la rotonda de la Perla, en Manama. Hubo desalojos con muertos, un repliegue de la policía, una ocupación de semanas y un diálogo que no llegó a ninguna parte. El 14 de marzo entraron en el país fuerzas del Escudo de la Península, el mecanismo militar conjunto de las monarquías del Golfo: tropas saudíes y policías emiratíes. Se declaró el estado de emergencia, la plaza se desalojó y el monumento se derribó. Después vinieron juicios, despidos de empleados públicos, retiradas de nacionalidad a opositores y, en 2016 y 2017, la disolución judicial de los dos principales partidos de la oposición, Al Wefaq y Waad.

Lo que vino luego. Baréin normalizó sus relaciones con Israel en 2020, dentro de los llamados Acuerdos de Abraham. El Reino Unido abrió una base naval en 2018. El Gran Premio de Fórmula 1, que se canceló en 2011 y volvió en 2012, sigue siendo la imagen del país que más gente ve.

Cronología

  • 1783La familia Al Jalifa toma el control del archipiélago.
  • Siglo XIXBaréin pasa a ser protectorado británico.
  • 1932Primer petróleo de la orilla árabe del Golfo.
  • 1971Independencia.
  • 1975Disolución del primer Parlamento.
  • 1994-1999Ciclo de protestas pidiendo su restauración.
  • 2002Nueva Constitución. El emir pasa a ser rey y se recupera un Parlamento de dos cámaras.
  • 201114 de febrero: protestas en la plaza de la Perla. 14 de marzo: entrada de fuerzas saudíes y emiratíes.
  • 2011Informe de la comisión Bassiuni encargada por el rey.
  • 2016-2017Disolución de Al Wefaq y de Waad.
  • 2020Normalización de relaciones con Israel.

Por qué apenas se contó en Europa

Vale la pena detenerse aquí, porque es parte de la historia. La intervención en Baréin ocurrió el 14 de marzo de 2011. Tres días después, el Consejo de Seguridad de la ONU autorizó la zona de exclusión aérea sobre Libia. Los enviados especiales, las portadas y el debate político europeo estaban en Bengasi.

A eso se sumaron otras cosas. Baréin es un aliado militar de Estados Unidos y del Reino Unido, y los gobiernos europeos no tenían interés en abrir un frente ahí. El país restringió la entrada de periodistas extranjeros. Y es pequeño, sin petróleo que mueva precios, con una imagen pública de circuito de Fórmula 1 y banca offshore. El resultado es que mucha gente que recuerda Túnez, Egipto y Libia no sabe que en 2011 también hubo una plaza ocupada en Manama.

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