Lo que hace falta saber antes de leer una noticia

Mauritania es un país grande y con poca gente en el noroeste de África: más de un millón de kilómetros cuadrados, casi todo desierto, y en torno a cinco millones de habitantes concentrados sobre todo en la capital, Nuakchot, y en la franja del río Senegal. Es una república islámica y el árabe es su lengua oficial. Se independizó de Francia en 1960.

Lo primero que hay que colocar bien es dónde está. Mauritania es miembro de la Unión del Magreb Árabe y también un país del Sahel, la banda de tierra seca que cruza África por debajo del desierto. Esa doble pertenencia no es geografía de manual: es política. Cuando en Europa se habla de Mauritania suele ser por seguridad en el Sahel, por pesca o por migración; cuando Mauritania habla de sí misma en foros árabes, se presenta como Magreb.

Lo segundo, y lo que más explica su política interna, es cómo está organizada su sociedad. La población se divide, a grandes rasgos, en tres conjuntos. Los beidán o moros blancos, de lengua hasanía (una variante del árabe) y origen árabe-amazigh, que han ocupado casi siempre el Estado, el ejército y los negocios. Los haratín, también de lengua hasanía, descendientes de personas esclavizadas, numerosos y en su mayoría pobres. Y los mauritanos negros del sur, peul, soninké y wolof, con sus propias lenguas y con vínculos familiares al otro lado del río Senegal. Casi cualquier disputa política mauritana pasa por esa división, aunque la noticia hable de otra cosa.

Lo tercero: los golpes de Estado han sido el modo habitual de cambiar de presidente. En 2019 hubo por primera vez un relevo entre dos presidentes elegidos.

Los momentos que explican el presente

La esclavitud, abolida tres veces. Mauritania prohibió la esclavitud con la administración francesa a principios del siglo XX, la prohibió de nuevo en su Constitución al independizarse y volvió a abolirla por decreto en 1981, lo que la convirtió en el último país del mundo en hacerlo formalmente. Durante años esa abolición no vino acompañada de un delito penal que permitiera juzgar a nadie: eso llegó en 2007, y en 2015 una ley la calificó de crimen contra la humanidad y creó tribunales específicos. Organizaciones mauritanas como SOS Esclaves y la Iniciativa para el Resurgimiento del Movimiento Abolicionista sostienen que la servidumbre heredada continúa en zonas rurales, y sus dirigentes han sido detenidos varias veces. El gobierno lo niega en esos términos y habla de secuelas de la pobreza. Esa discusión es, más que ninguna otra, la política mauritana.

El pasivo humanitario. Entre 1989 y 1991, un conflicto fronterizo con Senegal derivó en expulsiones masivas de mauritanos negros hacia el otro lado del río y en ejecuciones de militares negros dentro del ejército. En Mauritania se lo llama el pasivo humanitario. Hubo una amnistía que impidió los juicios y hubo también actos oficiales de reconocimiento y retornos organizados. Las asociaciones de víctimas siguen pidiendo que se investigue. Es el otro gran asunto que atraviesa cualquier campaña electoral.

La guerra del Sáhara. En 1975, al retirarse España del Sáhara Occidental, el Acuerdo de Madrid repartió la administración del territorio entre Marruecos y Mauritania, que se quedó la parte sur. Para un país recién nacido y sin ejército apenas, aquello fue demasiado: el Frente Polisario, el movimiento saharaui que reclama la independencia, atacó dentro del territorio mauritano y llegó hasta las afueras de Nuakchot. La guerra arruinó la economía y provocó el golpe militar de 1978. En 1979 Mauritania renunció a su parte y firmó la paz con el Polisario; Marruecos ocupó la zona a continuación. En 1984 Mauritania reconoció a la República Árabe Saharaui Democrática. Desde entonces mantiene una neutralidad cuidadosa entre Rabat y Argel.

Los golpes. Desde 1978 ha habido varios: el que apartó al primer presidente, Moktar Ould Daddah, el de 1984, el de 2005 y el de 2008. Cada uno se presentó como una rectificación y cada uno acabó en elecciones que ganó el militar que lo había dado. En 2019, la entrega del poder de un presidente elegido a otro presidente elegido fue tratada dentro y fuera del país como una novedad histórica.

2011 sin primavera. Hubo protestas, y no fueron pequeñas del todo. En febrero de 2011 aparecieron convocatorias en Nuakchot, hubo una inmolación imitando a Túnez y hubo un movimiento, No toques mi nacionalidad, contra un censo que muchos mauritanos negros denunciaron como una forma de dejarlos fuera de la ciudadanía. Nada de eso se juntó. La oposición estaba dividida precisamente por las líneas que dividen el país, y una protesta que hablaba de castas y de identidad no podía convertirse fácilmente en una plaza única. El gobierno bajó los precios de los alimentos básicos, dejó marchar algunas manifestaciones y esperó.

Cronología

  • 1960Independencia de Francia.
  • 1975El Acuerdo de Madrid le adjudica la parte sur del Sáhara Occidental.
  • 1978Golpe militar tras el desgaste de la guerra con el Frente Polisario.
  • 1979Mauritania renuncia al Sáhara Occidental y firma la paz.
  • 1981Decreto que abole la esclavitud.
  • 1984Reconocimiento de la República Árabe Saharaui Democrática.
  • 1989-1991El pasivo humanitario: expulsiones y ejecuciones de mauritanos negros.
  • 2007La esclavitud pasa a ser un delito penal.
  • 2011Protestas limitadas y movimiento contra el censo.
  • 2015Ley que califica la esclavitud de crimen contra la humanidad.
  • 2019Primer traspaso de poder entre dos presidentes elegidos.

Lo que suele darse por supuesto

Que es un país árabe sin más. Lo es oficialmente y lo es en parte. Pero una porción grande de su población tiene como lengua materna el pulaar, el soninké o el wolof, y la pregunta de a quién pertenece el Estado es justamente el conflicto interno del país.

Que la esclavitud allí es una exageración o una metáfora. No lo es: se habla de personas nacidas en una condición heredada, sin salario y sin derecho a irse, dentro de un sistema social donde eso ha sido la norma durante siglos. Lo que se discute es cuánta queda y con qué eficacia se persigue, no si existió.

Que en 2011 no pasó nada. Pasó, pero no cuajó, que es distinto. Y la razón por la que no cuajó dice más sobre Mauritania que cualquier descripción de su sistema político.

Que “moro” designa un color de piel. En Mauritania, beidán y haratín comparten lengua y cultura hasanía y se distinguen por origen social heredado, no por una frontera racial clara. Traducir esa estructura a categorías europeas hace ininteligible casi cualquier noticia mauritana.

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