Los caballos de Dios es una película marroquí de 2012, dirigida por Nabil Ayouch, que sigue a dos hermanos desde que son niños en Sidi Moumen, un barrio de chabolas a las afueras de Casablanca, hasta que participan en los atentados suicidas que sacudieron la ciudad el 16 de mayo de 2003. Se discutió mucho, dentro y fuera de Marruecos, por una decisión de guion: dedica casi toda su duración a la infancia y a la adolescencia de esos chicos, y muy poco a justificar lo que hacen al final. Unos vieron ahí una explicación honesta. Otros, una disculpa.
Qué muestra
La primera mitad de la película es, sobre todo, niños jugando al fútbol en un descampado, entre basura y casas de uralita, con la ciudad rica al fondo. Hay hermanos, madres, un campo improvisado, peleas de barrio, trabajos de mala muerte, pegamento inhalado en una esquina. La violencia que aparece al principio es la ordinaria: la de la policía, la de la familia, la del más fuerte del grupo.
El barrio no es un decorado. Sidi Moumen existe, está en el noreste de Casablanca y en aquellos años era un conjunto de barrios de chabolas separados del centro por apenas unos kilómetros y por una distancia social mucho mayor.
Los años pasan. Los chicos crecen, se quedan sin nada que hacer, y en cierto momento aparece un grupo religioso que ofrece lo que nadie más ofrece allí: un sitio donde ir, comida, respeto, una explicación del mundo y un papel dentro de ella. La película no convierte esa aparición en una escena de revelación. La cuenta como un proceso lento, casi administrativo, hecho de amistad y de rutina.
Quién la hizo
Nabil Ayouch es un director nacido en Francia, de padre marroquí, que ha trabajado casi siempre sobre Marruecos y que ya había filmado la infancia pobre de Casablanca en trabajos anteriores. Sus películas suelen tocar lo que en Marruecos se comenta y no se filma: la calle, la prostitución, la religión, el dinero.
El guion adapta la novela Les Étoiles de Sidi Moumen, del escritor y pintor marroquí Mahi Binebine, publicada unos años antes y traducida después a varios idiomas. La película se presentó en el Festival de Cannes de 2012, en la sección Una Cierta Mirada, y de ahí pasó a un circuito internacional amplio.
Lo que se negó a explicar
Aquí está lo que hace incómoda a esta película. El cine sobre terrorismo suele buscar un momento de bisagra: el agravio, el trauma, el discurso que lo cambia todo. Los caballos de Dios no lo da. Enseña una vida entera y deja que el espectador vea cómo se estrecha, año a año, hasta que la única puerta que sigue abierta es la peor.
Eso genera dos lecturas opuestas, y las dos se defendieron en la prensa marroquí cuando se estrenó. Para una parte del público y de la crítica, la película reducía el terrorismo a la pobreza, y eso era falso e injusto: hay millones de personas pobres que no matan a nadie, y entre los condenados por atentados en Europa y en el mundo árabe hay universitarios e hijos de clase media. Para la otra parte, la película no decía que la pobreza produzca atentados, sino que enseñaba el terreno donde un reclutador encuentra trabajo fácil, que es cosa distinta.
Hubo una tercera discusión, más política: si un país debe verse a sí mismo así en una pantalla. Sidi Moumen, en 2003, fue durante semanas el nombre de la vergüenza nacional marroquí, y no todo el mundo agradeció que volviera diez años después en forma de película premiada en Europa.
El fondo: 2003 y lo que vino después
El 16 de mayo de 2003 varios atacantes suicidas golpearon a la vez distintos puntos del centro de Casablanca, entre ellos un restaurante y un centro de la comunidad judía. Murieron decenas de personas, incluidos los propios atacantes; las cifras varían ligeramente según la fuente. Fue el atentado más grave de la historia reciente de Marruecos y el país lo recuerda por la fecha, como aquí se recuerda el 11-M.
La reacción del Estado fue inmediata: una ley antiterrorista aprobada en cuestión de semanas y miles de detenciones. Organizaciones de derechos humanos marroquíes e internacionales documentaron después denuncias de malos tratos y juicios con garantías discutidas durante aquella oleada. El Estado defendió la respuesta como proporcionada a la amenaza.
Las condiciones sociales que la película retrata no se fueron con los atentados. Siguieron ahí en 2011, cuando el Movimiento 20 de Febrero sacó a la calle a miles de personas en Marruecos pidiendo reformas, trabajo y dignidad. La película ayuda a entender de qué hablaban. Si quieres el país entero, tenemos todo lo publicado sobre Marruecos.
Una advertencia de vocabulario que la película obliga a hacer: los personajes son árabes, son musulmanes y acaban siendo islamistas armados, y esas tres palabras no significan lo mismo. La diferencia está explicada en árabe, musulmán, islamista.
Cómo verla
Está disponible en vídeo bajo demanda y en ediciones domésticas, en árabe marroquí con subtítulos. Dura algo menos de dos horas. Aquí no te decimos si es buena: te decimos de qué habla y qué discusión abrió, que es lo que esta sección hace con las obras.
Fuentes
Ficha y materiales de prensa de la película; la novela de Mahi Binebine en la que se basa; cobertura de la prensa marroquí, francesa y española en el estreno de 2012 y 2013; informes de organizaciones de derechos humanos sobre la respuesta judicial marroquí a los atentados de 2003.
