Abdelkebir Khatibi (1938-2009) fue un escritor y sociólogo marroquí que escribió casi todo en francés sobre un país donde la gente habla árabe marroquí y amazigh. Novelista, ensayista, poeta y profesor, dedicó su vida a una pregunta que parece pequeña y no lo es: qué le pasa a alguien que piensa en una lengua que no es la de su madre. A eso lo llamó «bilinguisme», bilingüismo, y le dio un significado propio. Es la razón por la que se le sigue leyendo en 2026, y no solo en Marruecos.

De dónde sale

Nació en 1938, en el Marruecos del protectorado francés, es decir, en un país administrado por Francia que todavía no era independiente. Se escolarizó en el sistema francés mientras en casa y en la calle se hablaba otra cosa. Estudió sociología en París y volvió a Marruecos a enseñar e investigar. Murió en Rabat en 2009.

Esa biografía es corriente en su generación: miles de marroquíes de los años cuarenta y cincuenta crecieron con dos lenguas repartidas entre dos mundos, la de la escuela y la de la familia. Lo que no era corriente fue lo que hizo con ella. En lugar de tratar el francés como una herramienta neutra, o de abandonarlo por el árabe como hicieron otros, se quedó dentro del problema y escribió desde ahí.

Qué es el bilingüismo del que habla

Cuando decimos bilingüe solemos querer decir alguien que se maneja en dos idiomas. Khatibi quería decir otra cosa.

Su punto es que las dos lenguas no conviven en paz dentro de una misma persona. La materna, la que se oyó primero, nunca se va: se queda debajo, en el ritmo de las frases, en las imágenes, en lo que no se puede decir en la otra. Y la lengua aprendida, la de la escuela, tampoco llega a ser del todo propia. El resultado no es una persona con dos casas. Es una persona que escribe en un sitio intermedio, donde cada palabra arrastra la sombra de la palabra que no usó.

Khatibi le puso nombre a ese sitio: la «bi-langue», la doble lengua. No lo presentó como una desgracia ni como una riqueza. Lo presentó como la condición real de mucha gente, en el Magreb y fuera de él, y se puso a describirla con precisión en vez de lamentarla o celebrarla.

De ahí sale la otra idea que se le cita a menudo, la doble crítica. Un intelectual magrebí, venía a decir, tiene dos herencias encima: el pensamiento europeo que le enseñaron en la universidad y la tradición árabe e islámica en la que nació. Someterse a la primera es colonialismo cultural; refugiarse en la segunda sin examinarla, otra forma de renuncia. Su propuesta era mirar las dos con el mismo ojo crítico, sin elegir bando. A eso lo llamó «pensée-autre», un pensamiento otro.

Los libros

Su libro más leído es La mémoire tatouée (La memoria tatuada), de 1971, una autobiografía que lleva por subtítulo la palabra “descolonizado”. Cuenta una infancia, una escuela y un idioma impuesto, y lo hace con una prosa que se rompe a propósito cuando el recuerdo se rompe.

En 1983 publicó Amour bilingue (Amor bilingüe), una narración breve donde la historia de amor entre dos personas es también, todo el rato, la historia entre dos lenguas. Y ese mismo año reunió en Maghreb pluriel los ensayos donde expone la doble crítica. Escribió además sobre signos: el tatuaje, la caligrafía árabe, los nombres propios, las marcas que una cultura deja sobre los cuerpos y sobre el papel.

Como en el resto de páginas de esta sección, aquí no reproducimos sus poemas ni su prosa. Los textos son suyos y de sus editores.

Con quién estaba

A Khatibi se le sitúa en la generación marroquí que se formó alrededor de la revista Souffles, fundada en Rabat en 1966 por el poeta Abdellatif Laâbi. Souffles fue una revista de literatura que acabó siendo política: quería una cultura marroquí que no imitara a la francesa ni se quedara en el folclore, y fue prohibida a comienzos de los años setenta, con parte de sus responsables en la cárcel. Era la época que en Marruecos se conoce como los años de plomo, de fuerte represión de la disidencia.

Khatibi trabajó en ese ambiente, aunque su camino fue más el de la universidad que el de la militancia. Fuera de Marruecos dialogó con filósofos europeos que se interesaban por las mismas preguntas sobre la lengua y la escritura, entre ellos Jacques Derrida, que escribió sobre él a propósito de la lengua del otro.

Para situarlo en el mapa, dos páginas nuestras ayudan: qué es el Magreb y quiénes son los amazigh, el pueblo cuya lengua forma la otra mitad del paisaje lingüístico del que habla Khatibi. Y si lo que te interesa es el país, tenemos todo lo publicado sobre Marruecos.

Por qué te puede importar aunque no vayas a leerlo

Porque la situación que describió no es marroquí ni antigua. Le pasa a quien creció hablando una lengua en casa y estudió en otra: hijos de migrantes en Europa, hablantes de lenguas minorizadas, cualquiera que haya notado que no es la misma persona en sus dos idiomas.

Khatibi fue de los primeros en decir que eso no es un defecto de traducción que haya que arreglar, sino un modo de estar en el mundo con sus propias reglas. Nombrar bien una cosa así sirve. Por eso sus libros siguen apareciendo en programas de universidad y en conversaciones que no tienen nada que ver con la literatura magrebí.

Fuentes

Obra publicada del autor en francés y sus traducciones; estudios universitarios sobre literatura magrebí de expresión francesa y sobre la revista Souffles; obituarios y perfiles publicados en la prensa marroquí y francesa en 2009.

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