Lo que hace falta saber antes de leer una noticia
Túnez es un país pequeño del norte de África, entre Argelia y Libia, con unos doce millones de habitantes y sin petróleo que reparta. Es una república: manda un presidente elegido, hoy Kais Saied, en el cargo desde 2019. Y es, para cualquiera que siga la actualidad de la región, el sitio donde empezó todo en 2010.
Tres rasgos explican casi cualquier noticia tunecina. El primero es el peso del Estado y de la escuela pública que construyó Habib Burguiba, el líder de la independencia y presidente desde 1957 hasta 1987: un aparato civil fuerte, un ejército deliberadamente pequeño y un código de familia aprobado en 1956 que prohibió la poligamia, algo sin equivalente entonces en el mundo árabe. El segundo es la UGTT, la Unión General Tunecina del Trabajo, un sindicato único con implantación en todo el país y con capacidad para parar la economía o sentar a negociar a los partidos. El tercero es la distancia entre la costa turística y exportadora y el interior, que es donde empezaron las protestas de 2010 y donde sigue el paro más alto.
Los momentos que explican el presente
La independencia y Burguiba. Túnez fue protectorado francés desde 1881 y se independizó en 1956. Burguiba gobernó treinta años con un proyecto explícito: educación, sanidad, derechos de las mujeres, laicidad de Estado y partido único. Mucho de lo que hoy se cuenta como excepción tunecina viene de ahí, incluida una clase media urbana y alfabetizada que en 2011 sabía organizarse.
Ben Ali. En 1987, Zine el Abidine Ben Ali, su primer ministro, lo apartó del poder declarándolo incapaz por motivos médicos. Gobernó veintitrés años. El modelo era conocido: crecimiento presentable, playas llenas, policía por todas partes, prensa controlada, oposición islamista en la cárcel o en el exilio y una familia, la de su mujer, que fue quedándose con negocios enteros. En Europa se lo presentaba como un socio estable.
Diciembre de 2010. En Sidi Bouzid, una ciudad del interior, la policía requisó la mercancía de un vendedor ambulante, Mohamed Bouazizi, que se prendió fuego el 17 de diciembre. Las protestas pasaron de las ciudades del interior a Sfax y Túnez capital. Cuando el presidente ordenó al ejército disparar, el ejército no lo hizo. Ben Ali salió del país el 14 de enero de 2011 rumbo a Arabia Saudí. Veintiocho días entre una cosa y la otra.
La transición. Ennahda, el partido islamista, ganó las elecciones de octubre de 2011 a la asamblea que debía redactar la Constitución y gobernó en coalición con dos partidos laicos. En 2013, el asesinato de dos políticos de izquierda y el golpe militar en Egipto pusieron al país al borde de la ruptura. Lo que lo evitó fue un acuerdo negociado por cuatro organizaciones de la sociedad civil, con el sindicato UGTT a la cabeza: Ennahda dejó el gobierno, se nombró un ejecutivo de técnicos y se terminó la Constitución, aprobada en enero de 2014. Aquel cuarteto recibió el Premio Nobel de la Paz en 2015.
Por qué salió distinto. No fue virtud nacional, fueron circunstancias concretas. El ejército tunecino era pequeño y no controlaba empresas ni tierras, así que no tenía nada que defender gobernando. No había petróleo que financiara a un régimen sin apoyo. Existía un sindicato capaz de mediar. Y no había líneas de fractura sectarias o étnicas que convirtieran una disputa política en una guerra. Túnez es abrumadoramente suní y de lengua árabe, con presencia amazigh antigua pero minoritaria hoy.
2021 y lo que vino después. La Constitución de 2014 repartía el poder entre presidente, primer ministro y Parlamento, y el resultado fue una década de gobiernos frágiles, con la economía estancada, la deuda creciendo y un desencanto que se notó en la participación electoral. El 25 de julio de 2021, el presidente Saied suspendió el Parlamento y destituyó al primer ministro amparándose en un artículo de excepción. Después gobernó por decreto, cambió el sistema judicial e hizo aprobar en referéndum una Constitución nueva en 2022, con participación baja. Ganó de nuevo las presidenciales en 2024. Varios dirigentes de la oposición han sido detenidos.
Cronología
- 1881Francia establece el protectorado.
- 1956Independencia y código de familia que prohíbe la poligamia.
- 1957-1987Presidencia de Habib Burguiba.
- 1987Ben Ali aparta a Burguiba y toma el poder.
- 201017 de diciembre: Mohamed Bouazizi se prende fuego en Sidi Bouzid.
- 201114 de enero: Ben Ali huye. En octubre, primeras elecciones libres, ganadas por Ennahda.
- 2013Asesinatos de dos políticos de izquierda y crisis política. Diálogo nacional.
- 2014Nueva Constitución y elecciones presidenciales y legislativas.
- 2015Nobel de la Paz para el cuarteto del diálogo nacional. Atentados en el museo del Bardo y en Susa.
- 2019Kais Saied gana las presidenciales como candidato ajeno a los partidos.
- 202125 de julio: Saied suspende el Parlamento y asume poderes excepcionales.
- 2022Nueva Constitución aprobada en referéndum con participación baja.
Lo que suele contarse mal
Que Túnez “fracasó”. Y también que “triunfó”. Las dos frases se han escrito mucho y ninguna describe bien un país donde siguen existiendo sindicatos, prensa crítica, elecciones y jueces, y donde a la vez el poder está más concentrado que en 2014. Lo honesto es decir que el resultado sigue en disputa y que no está cerrado.
Que la revolución fue por la libertad y nada más. La consigna que se coreó en Sidi Bouzid hablaba de trabajo, libertad y dignidad, en ese orden. El detonante fue económico: paro juvenil alto, titulados sin salida, un interior abandonado. Quien cuenta 2011 solo como una revuelta democrática se pierde la mitad.
Que Ennahda es lo mismo que otros partidos islamistas de la región. Aceptó una Constitución que no declara la sharía fuente de la ley, dejó el gobierno cuando podía haberse aferrado a él y se define desde 2016 como partido de “musulmanes demócratas”. Sus críticos dentro de Túnez discuten que ese giro sea sincero. Es una discusión tunecina, no una etiqueta que se pueda importar.
Que los tunecinos que llegan a Europa en patera huyen de una dictadura. La mayoría de las salidas que se registran desde la costa tunecina son económicas, y muchas de las personas que embarcan allí no son tunecinas, sino subsaharianas que han cruzado antes el desierto. Son dos historias distintas que suelen aparecer en el mismo titular.
