Han pasado sesenta días desde la entrada masiva de migrantes en Ceuta del 30 de julio, y la ciudad sigue esperando. Es lo que describen este 30 de septiembre las dos piezas que cuentan el aniversario: El País habla de una ciudad paralizada entre la expulsión y el retorno, pendiente de cuándo empiezan las expulsiones. 20minutos dice que Ceuta no ha recuperado la normalidad que perdió aquel día y que hay miles de personas todavía en las calles.
En esos dos meses, según 20minutos, solo ha habido dos dimisiones. Y el Gobierno trabaja en una reforma legal por decreto que acortaría los plazos de asilo y de devolución. Eso es lo que hay confirmado: un plazo que se alarga, una tensión social que la ciudad aguanta, y una vía normativa en preparación que aún no se ha publicado.
Merece la pena decir con precisión qué significan las dos palabras que organizan la noticia. El asilo es la protección que pide quien dice que no puede volver a su país; mientras se tramita, la persona no puede ser expulsada. La devolución es el procedimiento para retornar a quien entró sin cumplir los requisitos. Acortar los plazos de ambos, que es lo que el Gobierno estudia según 20minutos, cambia el tiempo que cada uno de esos expedientes tarda en resolverse. Ninguna de las dos piezas detalla en cuánto.
Por qué importa
Ceuta es una ciudad española en la costa norteafricana, y casi nada de lo que pasa en su frontera empieza en Ceuta. Empieza al otro lado de una línea que se dibujó hace mucho y que quienes la cruzan no eligieron. Si quieres entender por qué esa frontera está donde está, aquí contamos cómo nacen las fronteras modernas y qué es el Magreb, la región de la que Ceuta es vecina inmediata. Y la relación con Marruecos explica buena parte de lo que ocurre en esa valla.