En Ceuta hay dos lugares en el foco: el asentamiento de El Trampolín y la contigua playa de Benítez. Según El Mundo, no queda allí ni una sola persona; el diario habla de unas 1.200 que han dejado de estar en la zona y relaciona el vaciado con el adelanto electoral y con una visita del Rey.

La otra mitad de la historia la cuenta ABC. La Policía Nacional identificó a militares marroquíes entre las personas que estaban en El Trampolín, según fuentes policiales citadas por ese diario. Esos soldados reconocieron pertenecer al Ejército marroquí, pero dijeron que eran desertores y que no querían volver. Los agentes, según el mismo relato, reciben esa versión con recelo.

Sobre el desalojo, ABC estima que en El Trampolín se habían concentrado más de 3.000 personas. El operativo fue de la Policía Nacional, con la colaboración de la Guardia Civil y de las Fuerzas Armadas, y repitió el método usado días antes en Benítez: reunir a quienes habían entrado en Ceuta y llevarlos en autobuses hasta una zona próxima a la frontera con Marruecos, donde se hizo lo que la fuente llama una «parada técnica».

Conviene decir qué no sabemos: cuántas de esas personas cruzaron, cuántas siguen en Ceuta en otro sitio y qué figura legal se aplicó a cada una. Las dos cifras que circulan, 1.200 y más de 3.000, no miden lo mismo ni las da el mismo autor.

Por qué importa

Ceuta es una frontera terrestre de la Unión Europea con Marruecos, y casi nada de lo que pasa en ella se entiende solo desde Madrid. Que entre los desalojados haya militares marroquíes que se declaran desertores apunta directamente a la relación entre los dos países, la más estrecha y la más difícil que tiene España: eso lo contamos en la página de Marruecos. Y si quieres ver por qué esa línea está donde está, y por qué pesa tanto, empieza por cómo nacen las fronteras modernas.